domingo, 4 de septiembre de 2016

Poemas del libro Tratado del alba de Henry Alexander Gómez



Tratado del alba
VI Premio Internacional de Poesía José Verón Gormaz

"El Jurado quiere destacar que el libro premiado posee un notable y feliz equilibrio entre imaginación creadora y pensamiento que permite al autor la construcción de un rico universo poético, donde la reflexión acerca de la palabra se prolonga de manera natural hacia aspectos metafísicos, para culminar con lo que podría considerarse una palpitación renovada de la preocupación social en la poesía".


Teoría de la luz


Roberto Juarroz

He abierto la palabra amor
y, adentro, encuentro otras palabras
que no dejan de mirarme fijamente.
Escojo una de ellas,
le hago también un orificio,
para ver más adentro en el lenguaje, 
y allí encuentro una palabra
que se parece al corazón del mundo.

En medio de las dos mitades del lenguaje,
sobre la línea que separa el comienzo y el final,
comprendo que un vocablo,
más profundo
que el abismo de Dios, nos sostiene.

Todo lenguaje se contiene a sí mismo,
como toda palabra que decimos o callamos, 
lleva adentro la soledad del hombre.






Carlos Obregón

Desde adentro de la vida
miro llover.

Miro como quien encuentra la esperanza
sin haberla buscado,
como quien hunde sus manos en la ceniza
de una hoguera nunca encendida.

Llueve sobre la orilla de tus pasos.

Porque tu hondura es la lejanía
de ver el cielo sin poder tocarlo,
el temblor de una oración
sin alfabeto, la vigilia de dormir
sobre una música olvidada.

El leve polvo de tierra
que levanta la llovizna
                                          deletrea tu silencio. 




e.e. cummings

a(
      p
      ája
      ro
      qu
      e
      e
      l viento
                     b
                     orra
       ().
       Lluvia de sol
       .
         )m
              or





Arqueología

Enterrar una palabra,
                esconder su tumba entre las piedras.

Desenterrarla después de muchos años,
quitarle la tierra endurecida,
los restos de polvo,
                                  el óxido,

hasta que brille como una antigua reliquia.

Colocarla en medio de la página en blanco
y estudiar su antigüedad, interpretar su pasado,
descifrar el color original,
establecer su importante papel en la historia.

Incluso admirar su dignidad de estrella olvidada.

 

 




La noche sumergida




Mirar

Ver es sumergirse en el terror,

caminar por un jardín
de telarañas
tejidas por la boca del asesino.

Tanto para cerrar los ojos y mirar adentro,

no para apagar lo apagado,
                                        para poder asesinarnos. 






Soñar

Dormir
              a un lado
de los cuerpos
                          mutilados,

aquellos
que no son más
             que recuerdo
             de la hojarasca.

La herida
             del silencio
             será
             nuestra cubierta.






El paraíso

El desierto está aquí,
a la intemperie.

Sólo porque el paraíso está devaluado,

sólo porque los labios
se tiñeron de una tierra enrarecida

y bajo un precipicio de lunas
                                         asfixiamos el aire.






Intemperie

Abrazar
las cabezas moribundas

y cabalgar
bajo la sílaba del miedo.

Amasar un tañido
de campanas negras
y beber
              todo el aire
de los disparos en los muros.

De tanto en tanto,
                      vamos hollando el mundo.





Oración para Juan Gelman

Detrás de vos la noche crece en su latido,
se sostiene un pajarito que picotea la muerte
y entona todas las horas que se tuercen en la sed,
e hila los huesos de un sol demasiado triste.

Vos sabés lo que dura esa noche,
lo que mide la tristeza de quien ora y suplica
a un Dios que ha dejado su cena sin tocar.
Que tú corazón es la vitrina donde nosotros
guardamos nuestras bocas, que es la vela sin pabilo
que intentó horadar el sudor de las voces. Eso vos lo sabés.

Pío, pío, canta ahora la muerte bajo tu piel. Un pío
no tan lejano, no tan distante de aquello
que nombra y llama a los que ya no tienen labios. Piedra
que me sentás sobre la lluvia, furia que me lamés la carne.

José Galván ha llamado a mi puerta. John Wendell se reclina
ante la silueta de un perro que ya no ladra.
Y ya sin voz, ya sin ojos para escuchar la oscuridad de los caballos.

Aquí se parte el lápiz y gelmaneamos con palabras
puestas a secar al sol. Porque Juan Gelman es un solísimo,
solísimo relámpago del alba. Una paloma otoñal. Un árbol desnudo
que acuesta su llanto en la hierba para que nosotros
bebamos su rocío.

Y el pájaro pía y se despide. Pío, pío dicen las campanas.
Piar es cosa de poetas, piar es cosa de hombres que respiran
amparados a los brazos de la madrugada. Como ese amor que regás, como
esa cuerda con la que atás el mundo, como los rostros de los desaparecidos
que brillan entre las grietas de cada uno de tus silencios. 


 

 

Henry Alexander Gómez

 

(Bogotá, 1982). Magister en Creación Literaria de la Universidad Central y Profesional en Ciencias Sociales de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Es director del Festival de Literatura “Ojo en la tinta”. Ha recibido diferentes distinciones, entre ellas, el Premio Nacional de Poesía Universidad Externado de Colombia, el Premio Nacional Casa de Poesía Silva y el Premio Internacional de Poesía José Verón Gormaz de España por el libro Tratado del alba (2016). 


Ha publicado los libros Memorial del árbol (2013), premiado en el IV Concurso Nacional de Poesía Obra Inédita, Diabolus in música (2014) Premio Nacional de Poesía Ciro Mendía y Teoría de la gravedad (2014), publicado en Quito, Ecuador. Sus poemas aparecen diferentes antologías y revistas de Colombia y el exterior. Hace parte del comité editorial de la Revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida (www.laraizinvertida.com).



jueves, 17 de marzo de 2016

Poemas de "Diabolus in musica" de Henry Alexander Gómez




De libro Diabulus in música (2014)



Johnny Cash

Enterré el puente de mi guitarra en el aire, sacudí las polillas de mi sombra y cultivé el vapor de la música sobre el heno de los días, a un lado de la carretera, donde los mundos se fecundan.




Jim Morrison

Desde lo alto de la duna dejo caer una escudilla que rasga un aire extraño que acecha mi presencia. Ancianos ángeles amasan mi saliva con arena. ¿Quién acompañará mis huellas para descifrar el verdadero rostro de la luz?

Romper el cristal. No hay noche más fría. El nombre del desierto me persigue. Las puertas se derrumban.

Con el hueso roto del coyote buscaré mis años perdidos junto a un demonio que trama el antiguo imperio del cielo.




Janis Joplin

Inútil es viajar entre el olor de la ceniza, sepultar amapolas en las mandíbulas del ángel ciego.

Canción de la infancia: fumar el opio de la piel y beber la última gota de un blues de la botella más oscura de un bar de Louisiana. El pulmón amordazado mientras el gramófono suena a Bessie Smith o a Billie Holiday.

Una huella descalza la delata, la delata su sombra transparente.

Hurga una grieta en la penumbra. Descúbrete impedida para contar la multiplicidad de nubes que rodean tus dedos.

Es bello vigilar desnuda al sol cuando anochece: la orgía de su voz baja cóncava al interior de la tierra.




John Bonham

En el grito del árbol encontrarás la semilla. Mi escritura viaja al galope del viento entre los cascos del caballo. Esta tierra se adelgaza ante el trueno del agua en el pecho de un pájaro.

He dejado al granizo sin aliento.





Jon Lord

Recogí de la neblina en la mañana cada uno de los hilos que expanden las yemas de mis dedos. Hilar es mi destreza, la certidumbre de dormir en una cavidad de sonidos que arden como diluvio perpetuo.

Un flameo inmutable me sigue a todas partes: una tela de música que hoy es mi mortaja, una sonata que ordena a un tiempo la dinastía secreta de un centenar de relámpagos.

Mi corazón es la rueca, la bruma el ovillo, mi música, una calina de fuego que lo ha envuelto todo. 





Pappo Napolitano

Me reconozco en el polvo del adiós, en las piedras errantes: con un hilo de viento me hice un collar de caminos.

Dejo el diapasón de mi guitarra bañado por un rumor de flores vestidas por la lluvia. Dejo mi amada Harley Davidson con la que probé el peso de la fe y la pulsación de la muerte. Hay una canción de espejos y lumbres al final de la autopista.

Nada vale más que un viejo blues cortejando las voces aromáticas del sueño.





Ronnie Van Zant

Al amanecer, algún extraño viajero señala con el dedo un pájaro que guarda el nombre de todos los pájaros.

Su vuelo ha dibujado, en el corazón abierto del alba, cada hilo de acero con los que un niño ovilla el paraíso de mis alas.





Ian Curtis

Hoy tengo la mirada hecha de tierra para arrojar un puñado al vacío, el espíritu de papel para prenderle fuego y hacer con las cenizas música para sujetar mi destino. 

Vengo de abrir una hendidura donde la luz se reconcilia con la muerte, de atar mi cuerpo hueso por hueso a la llama de mi voz, como la danza de Caín en la sonrisa oscura del miedo.

Hoy tengo la boca en la mitad del pecho con una paloma agrietada en la garganta. 

El aire está roto en pedazos.




Stevie Ray Vaughan 

Este es mi evangelio:

La soledad del universo se reduce a seis élitros de acero; pesan como el calibre de la araña en el corazón de una rosa, zumban como un crujir de huesos de pájaros salvajes.  
Mi voz es clavicordio de agua, pentagrama de fuego, el gesto de todo y de nadie.
La lluvia en el tejado afina el blues-rock de mi guitarra: tormenta de hierro, piedra pluvial que inunda el refugio donde el tiempo pliega sus doce alas.  

Mi credo es la ausencia de Dios, el bostezo del cielo.





Quorthon (Tomas Forsberg)

Primero haré de mi nombre un festín de la sangre. Luego sepultaré cada sílaba de mi música y haré que sea desterrada de la aurora. Mi voz cruzará el Valhalla con mi rostro abierto por la uña del cuervo. 

Una virgen de hierro para atesorar el nacimiento. Para honrar el martillo del trueno, una semilla hervida en la miel de la noche.

Por cada pluma del ángel asisto al presidio de mi raza. Por cada cartílago de música “El Oscuro” destila su veneno.

Es mortal el abismo que nos rodea.

 



Euronymous (Øystein Aarseth)

Es la profundidad del bosque lo que retengo entre mis manos. El aullido de una aureola negra que me alcanza.

Una luna secreta escarba los misterios del Señor oscuro. Satán es quien lanza cada vocal de mi nombre al fuego para profanar la lluvia sonámbula.

Sortilegio del espanto. La otredad de la sangre. Una leche sorda que invade la espesura.

Afilaré mis pupilas blancas a un ataúd de piedra: también la oscuridad es la luz más brillante.

 

 




 

Henry Alexander Gómez


Bogotá (1982). Profesional en Ciencias Sociales de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas y estudiante de Maestría en Creación Literaria de la Universidad Central. Es director del Festival de Literatura “Ojo en la tinta”. Su libro Cartografía de la luz ganó el XXVI Concurso Nacional de Poesía Universidad Externado de Colombia; con el libro Georg Trakl en el ocaso fue Segundo Premio del IX Concurso Literario Bonaventuriano de Poesía; ganador del Concurso Nacional “La poesía de la vida cotidiana” - Casa de Poesía Silva.

Ha publicado los libros Memorial del árbol (2013), premiado en el IV Concurso Nacional de Poesía Obra Inédita, Diabolus in música (2014) Premio Nacional de Poesía Ciro Mendía y Teoría de la gravedad (2014), Mención de Honor en el I Premio Nacional de Poesía, Festival Internacional de Poesía de Medellín y publicado en Quito, Ecuador.

Sus poemas aparecen en los libros Raíces del viento (2011), en la antología Postal del oleaje: poetas nacidos en los 80. Colombia-México (2013), y en diferentes revistas de Colombia y el exterior. Hace parte del comité editorial de la Revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida (www.laraizinvertida.com).


martes, 23 de febrero de 2016

Libros de poesía colombiana en el 2015

A razón de lo poco escrupulosos que son algunos medios a la hora de recomendar libros de poesía, la revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida destaca cinco libros de autores colombianos publicados en el año 2015. Una lista a la que, sin duda, se le pueden sumar varios títulos más, debido al buen momento por el que pasa la poesía colombiana:



1.      Música Lenta de Nelson Romero Guzmán



La obra poética de Nelson Romero Guzmán va en sólido ascenso. Y no es únicamente los reconocimientos y premios que envuelven su trabajo. Con Música lenta, nos enfrentamos a uno de los mejores libros de poesía colombiana publicados en los últimos años. Dentro de una tradición poética conservadora, con pocos poetas colombianos enfrentados al riesgo, Música lenta abre una brecha inesperada y poco explorada en la poesía. Reflexivos, antipoéticos, con saltos al humor o, al contrario, desafiando la condición del hombre, la poesía se multiplica, alumbra, en la medida que examina intricados problemas del lenguaje, desde lo humano y lo cotidiano, hasta la domesticación de Dios.



LECCIÓN DE CULINARIA

Este ha sido el infierno para una mujer: pelar una cebolla. Las hojas en las manos se multiplican delgadísimas. Hijos, en el corazón de la cebolla está Dios, decía mi madre para darse consuelo y consolarnos. Ella no hacía uso del cuchillo, pues temía herirle el corazón a Dios. Por tanto, el hambre en la casa era la eternidad. Mi madre no veía la hora en que un ángel aleteara entre sus manos, por el momento de esa carne comeríamos. Tiempos en que los ángeles, nuestros guardianes, se transformaban bondadosamente en aves de corral. Pero los tiempos cambian y eso ya no ocurre, así que un día las cosas empeoraron: nos volvimos transparentes como las mismas hojas de la cebolla. Fue hermoso, porque a través de mi hermano veía a mi madre en el punto más lejano del universo pelando sin descanso esa maldita cebolla. Hasta que llegó al punto oculto del centro donde estaban las regiones superiores. Pero por desgracia, Dios había salido un rato del centro de la cebolla. Pobre sirvienta de Dios, mi madre, en los misterios de la cocina. Lo cierto es que nunca pudimos comer en el Reino. Yo no sabía que mi madre de tanto pelar cebollas se había convertido una envoltura de cielos transparentes; algo así como un cielo dentro de otro cielo, y éste dentro de otro. Recuerdo que no comimos, pero tampoco vimos a Dios. Ahora entiendo que la demasiada religión es la peor de las culinarias. Por fin quiero vengarme de todo esto derribando el Araboth, árbol del cielo.



EL NEGRO

Las cosas se esconden de sí mismas en el negro. En el negro habita Dios. Sostenido por las agujas en su centro, nunca puede moverse hacia la claridad. De vez en cuando –cada diez mil o veinte mil años – se acuerda del hombre y le hecha una mirada por un pequeño agujero, pero no se arrepiente. Dios oye música lenta. En esos momentos percibe que él es un centro lleno de centros devorándose. Si dejaran de devorarse, se borrarían todos los mundos. Sostenido por las agujas, sin poderse mover hacia ningún lado, en lo negro nunca ha podido verse a sí mismo, y eso lo convierte para nosotros en un ser invisible. Si por desgracia un día se hiciera visible, enloquecerían las agujas que lo sostienen, parecerían los centros que todo lo devoran y el mundo dejaría de existir.



PUERTA 2

Detrás de esta puerta
          hay unos geranios
                                  nevándose,
hay un hombre
al que le llueven lágrimas de los testículos,
está amarrado a otro hombre de espaldas.
Así empezó todo este desorden,
este nudo imposible de soltar.

Nadie ha podido abrir esta puerta.

Los dos hombres amarrados en el patio
son los juguetes olvidados
                                      de la infancia de Dios.




2.      La ruina que nombro de Andrea Cote



La ruina que nombro, libro de Andrea Cote, nos sitúa en un descubrimiento constante, en el que la nostalgia y el secreto interior marcan los límites de nuestro devenir. Se trata de una retrospectiva hacia las misivas, indulgencias y retratos sonoros que han definido lo que somos, como una suma de respiros intactos que forman una línea continua; todo está allí incluso lo que a diario queremos olvidar. En este libro la poesía demarca estos senderos como una forma de contemplación, haciendo de la belleza una huella constante que crece como un jardín incluso en los abismos más remotos de la memoria, un inventario de recintos donde aún llueve, un collage de gestos que nos miran desde la sombra cotidiana, una forma de asumir soledades ajenas y llamarlas por su nombre. 



DE AUSENCIA
Es para el dios de lo deshabitado
que se alzan templos invisibles
en la borrasca del desierto.
Es para él
que los árboles enanos inclinan en la arena
sus ramas
humildes,
fervorosas.
Es para que no te aferres
que existe un dios de la ausencia,
señor del desierto
y de las cosas que,
como la sombra,
existen por la fuerza de la luz que los rechaza.



LA RUINA QUE NOMBRO

       Quiero saber qué es la piedra
               que tanto me conmueve.
                          Qué es en verdad
                    la ruina que nombro.
También escribir es derrumbarse.




LA RAÍZ

La tierra
la insistencia,
y la flaqueza
también son cosas que odié.

Recuerda,
hubo un mal tiempo:
se agotó la templanza de los montes,
se doblegó abril,
y pensamos que esta fuerza
era impura.

Odiamos la riada
y el agua que insiste
y las ganas que todo tuvo
de ser río
y de arrancarse.

Odiamos las aves que migraron
y las mujeres bellísimas
que murieron temprano
Recuerda,
hubo un tiempo muy malo,
las aguas rindieron la materia,
y yo odié.

La lluvia insistió
y el agua fue la materia más pesada
y salió a flote
por milagro
por descuido
la raíz del río,
la savia del agua,
la piedra de toque del dolor.

Te digo:
hubo un mal tiempo
y supe así
que las cosas que odié
también las quiero de mi lado.




3.      Diario sucio de Felipe García Quintero



Una beca. Un país. Una hija. Miles de caminos; o quizá uno solo: la poesía. En Diario sucio, del caucano Felipe García Quintero, publicado por la Editorial Germinal de Costa Rica, se desteje el recorrido que hiciera el poeta por México en el año 2008. Calles, olores, hostales, mundos, almas. Una mano que le acompañaba de norte a sur, y viceversa: Susana. Un libro de viajes donde se construye el lenguaje mexicano desde la mirada atenta de García Quintero, su contemplación poética.



ESTACIÓN DE CHAPULTEPEC (Fragmento)

***
Viajar y callar acaso sean las partes constitutivas y complementarias de ciertos momentos de la vida en la ciudad. Viajar y callar. Temprano los tuve juntos conmigo.
El viaje puede contra el ruido clandestino, incluso silencia la misma voz pasajera del zumbido urbano, y nos deja el paso libre para escuchar a solas el pensamiento oculto que nace de las imágenes aleatorias del recuerdo o del entorno más próximo a la realidad, como son los sueños y la imaginación.

***
Cuando no hay más defensa del mundo y sin otra elección posible, se anda por allí, en paz y sin nombre, auscultando las cosas con el silencio de la mirada.
Porque callar sirve de arma para sortear asuntos personales acaso inevitables, potencialmente ásperos, que indisponen el saludo, alejan la amabilidad y la cortesía de las buenas maneras, para caer sin remedio en la desatención, la indiferencia, el sutil y previsible agravio; todo ello hecho sin el menor interés de causar algún daño o hacer mal.
“Quien sepa entender mi silencio, sabe entender mi alegría”, escribiste amigo Johann.

 Coyoacán, junio 30



EN SILENCIO LA POLILLA TRABAJA SU MADERO

En silencio la polilla trabaja su madero.

Semejante al insecto yo lo hago con esta página
infatigable y, como la noche, desnuda y honda.

Entre las pequeñas sombras,
imagino sus pasos llenos de oscuridad.

¿Ese murmullo es la soledad roída del lenguaje?

La presencia del ruido anticipa lo incierto,
el constante corroer que aún no tiene nombre.

Junto a mis pocas palabras
estos residuos sonoros son piedrecillas sobre el papel,
leves tesoros desenterrados de la calle.
Coyoacán, julio 11




CORRESPONDENCIA DE LA MOMIA

No fue la tierra nuestro puerto, por eso el aire de esta orilla prodiga sombra a la arena perpetua del cuerpo.

Dimos luz al agua que inundó la mirada y al temblor la carne de todos los sueños.

No es la tierra sino el aire que nos sembró en el polvo de este gesto: la boca abierta allí, por siempre, la flor marchita del hambre. Sólo dientes lleva el grito. También la ceniza late en las manos duras y vacías. Como cristal el músculo frágil yace sin nervio.

El gusano de la pupila restalla tras la piedra del tiempo. Como en papel seco, la sangre sin tinta escribe su mensaje al viento: el miedo de los vivos es la vida de los muertos.

Guanajuato, agosto 30




4.      Una palabra cada día de Gustavo Adolfo Garcés



Tiene aire, y es aire que respira. Que viene de un ascetismo oriental con la luz precisa, con la imagen contemplada, con la palabra justa y el silencio desbordado. Es un libro que sin prisa ni distancia, conduce irremediablemente hacia el fondo. Una palabra cada día también incluye una selección de algunos poemas del anterior libro de Gustavo Adolfo Garcés, Hasta el fin de los números, que permite establecer la línea de sólidas brevedades que caracterizan su obra limpia, emotiva en parquedades, aire en medio de tanta palabra.



NIEBLA

La aldea
se disuelve
en la niebla

no hay sol
ni luz
que la pongan
a salvo



ARAÑA

Todas sus tardes
son lentas

vigila sin pausa

me hechiza

creo que le rezo



ORACIÓN

En la carreta
que remolca el buey
van las montañas




5.      El sol y la carne de Camila Charry



El panorama de la actual poesía colombiana cuenta con todos los matices necesarios para creer que tiene mucho que apostar y qué decir. En un territorio mundial en el que la lectura de poesía queda delegada a pequeños grupos y a los mismos escritores, el trabajo de la colombiana Camila Charry Noriega se abre paso como una lectura que, en conversación con su tradición y con temas recurrentes en Colombia, aún tiene muchos rostros por descubrir. En su último libro El sol y la carne vemos una construcción poética que inquieta por las imágenes fuertes que evitan eufemismos, para mostrar el desgarrador rostro de la barbarie, sin olvidar el elemento estético del lenguaje. Adicionalmente es un libro que pone su ceño sobre el hombre: el hombre y su desnudez, el hombre y su patria y el hombre y su reflejo. El sol y la carne se perfila como una lectura indispensable para quien le inquieta la poesía colombiana, como para quien habita en el país de la memoria.



POR ESTAR VIVOS
nos desnudábamos
y reconocíamos
la furia en la espesura de la noche
y era por este apego a la carne
que día tras día
las manos quemadas por tanto sueño
arrancaban de las espinas
la luz roja de la tarde. 



LA PALABRA HA MUERTO,
sin ella
¿Cómo nombrar a Dios?
En el silencio,
en la ausencia de palabra
el mundo flota como una idea
ensombrecida, virtuosa
y también Dios,
su lenguaje hecho de capricho humano
de humana incertidumbre.
Ahora, cuando no hay palabra
cuando el lenguaje abandona
su servidumbre,
su súplica, aún digo:
–Dios, sálvame de tu furia,
dame luz y sed
protégeme de mí misma,
aunque sea haz que en mí las palabras digan algo
traigan algo
revelen alguna verdad
si es que acaso existes–.



BOJAYÁ

Les trozaron las manos
y en el pellejo de otros muertos, los labios les hundieron.

Para comer
después de tres días
les llevaron las tripas de sus perros.
Detrás de los árboles
unos cerdos esperaban las sobras
           las falanges
           los tendones quemados
que aún temblaban
                             pues las balas
dentro de estos pedazos de cuerpo,
de mundo,
seguían calientes y sacudían la piel partida
por el plomo final.