domingo, 14 de octubre de 2012

La risa del cuervo



‹‹“Simón” gritaba Ribas, y Bolívar, desdeñoso, le volteaba el rostro. “¡Que le corten la cabeza!”, le pareció escuchar. Despertó. Nadie estaba a su alrededor. El viento del Llano soplaba sobre su ensangrentada charretera. Estaba de nuevo ahí, con sus cabeza cortada entre las manos(…) Sólo ahora, después de tres horas de la ejecución ordenada por Morales, entendía de verdad que le habían cortado la cabeza y que con ella, debajo del brazo, se hallaba perdido en la inmensidad de aquella estepa del trópico››..
La risa del cuervo. Álvaro Miranda

Un castillo imaginario se ha apoderado de la historia. Todo paraje por donde discurre el historiador es siempre una ventana a los dominios de la ficción. La línea imaginaria del tiempo por donde transita el hombre a razón de su existencia, es también una novela fantástica.

Al momento de iniciar la lectura de la novela La risa del cuervo, del escritor samario Álvaro Miranda (1945), nos enfrentamos a un fragmento de la historia americana contada desde el delirio y la locura, desde la poesía y la imaginación desbordada. La buena literatura rebasa siempre sus propios límites. Ya en el primer capítulo, encontramos a José María Rivas (un tío político de Simón Bolívar que combatió con él en la campaña libertadora, que fue secuestrado por los realistas para cortarle la cabeza y luego freírla en aceite) deambulando y delirando por los llanos venezolanos con su cuerpo bañado en sangre y con la cabeza cortada entre las manos perseguido por un cuervo; allí nos incrustamos en un universo que rompe con la rueda del tiempo y la rotación de la realidad, un mundo enriquecido por el lenguaje, por anécdotas históricas y personajes singulares que no permiten que el lector pierda el interés en ningún momento.

La novela es urdida por lo real maravilloso y la capacidad creativa del escritor, al saber hilar con la maestría de la araña varias ficciones en diferentes fracciones de tiempo histórico. De esta forma, vemos el cadáver erotizado de Manuelita Sáenz en su fosa de Paita tratando de alcanzar, entre cuerpos que se desmoronan, el cadáver de un voluptuoso marinero; o Alexander von Humboldt intentando descifrar unos extraños pergaminos que guardan la futura historia de las gestas independentistas americanas; o al espía David Curtius De Forest, ahogado en la locura, criando en su propia casa aves exóticas; o a un hombre ebrio tratando de escudriñar en las formas de la escritura, mientras el nombre de su amada Virginia se entremezcla con un “Nunca más” dictado por un singular cuervo.

Miranda salta de un tiempo a otro y de una narración a otra sin romper una ficción universal totalmente redonda. Es un espléndido juego arquitectónico en el que se erigen las vigas sólidas de la historia con pústulas de lo fantástico. En este laberinto de muros móviles el héroe trágico atrinchera sus fantasmas. En fin, en La risa del cuervo lo surreal persiste sin que naufrague la realidad.

He leído varias veces esta novela y no deja de asombrarme su extraordinaria armazón atemporal, la construcción de sus personajes y el hermoso tejido del lenguaje. Álvaro Miranda ha demostrado, no sólo con esta novela si no con obras como Los escritos de Don Sancho Jimeno (1982), ser un experto a la hora de amasar los misterios de la historia.

No hay divorcio entre la historia y la literatura, entre lo verídico y lo insólito. Los invito a leer esta novela que bien merece un lugar más destacado dentro de la narrativa colombiana. Un hombre que sueña la historia, ha soñado también su propio universo.

Por Henry Alexander Gómez
Promotor de lectura y escritura
Biblioteca Pública Parque El Tunal

Miranda, Álvaro (1992). La risa del cuervo. Santafé de Bogotá: Thomas de Quincey Editores.

martes, 25 de septiembre de 2012

Talleres de Poesía y Narrativa para Nuevos Escritores


Talleres de Poesía y Narrativa para Nuevos Escritores

Como preámbulo a la versión número 4 del Festival de Poesía y Narrativa Ojo en la Tinta, el Colectivo Literario La Raíz Invertida invita a los talleres de creación literaria Ojo en la tinta (2 talleres de poesía y 2 talleres de narrativa).

•           TALLERES DE POESÍA:

“Iniciación al Infierno Musical”

Biblioteca Pública Suba Francisco José de Caldas, JUEVES, 5:30 p.m. (Del 4 de octubre al 6 de diciembre).

Biblioteca Luis Ángel Arango, MARTES, 5:00 p.m. (Del 25 de septiembre al 4 de diciembre)


•           TALLERES DE NARRATIVA

“Coordenadas de La Ficción”

Biblioteca Pública Parque El Tunal, LUNES, 4:00 p.m. (Del 24 de septiembre al 3 de diciembre)

Biblioteca Pública El Tintal Manuel Zapata Olivella, VIERNES, 4.30 p.m. (Del 28 de septiembre al 7 de diciembre)

Los talleres NO TIENEN NINGUN COSTO



ORGANIZA:

Colectivo Literario La Raíz Invertida – Festival de Poesía y Narrativa Ojo en la Tinta




CON EL APOYO DE:

Banco de la República - Biblioteca Luis Ángel Arango
Red Capital de Bibliotecas Públicas - BibloRed
Red Nacional de Estudiantes de Literatura y Afines – REDNEL Colombia
Ministerio de Cultura – Leer es mi cuento 2012


Informes:
ojoenlatintatalleres@gmail.com
laraizinvertida@hotmail.com

martes, 4 de septiembre de 2012

Ojo en la tinta New poetry from Colombia's Raiz Invertida poetry collective

František Kupka, El desafío (El ídolo negro), 1903



Memorial del árbol
Article and translation of poems by Kevin Barker

By Henry Alexander Gómez

Born in Bogotá (1982), Henry is the founder and director of the Festival de Narrativa y Poesía, Ojo en la Tinta (Eye in the ink). His poems appear in the short Colombian poetry samplers Piedras en el trópico (2011), (Stones in the tropics) and Raíces del viento (2011), (Roots of the wind). His most recent book, Memorial del Árbol, is being published shortly.


There are suns that fall

An angel toys in the branches of the tree.

It is so great, the abyss
and so quiet, the roof of the world
that we embrace its grief,
and we drink aguardiente,
and we cry,
because we do not understand
how God plays with his stone fingers
among the poplar leaves¬



Lovers

She walks through the streets squandering her nakedness
and later drinks a field of logs,
silenced by fire.
He sneaks into the cinema of the afternoon
and cries with shoes in the air.

A valley of campaigns.

A fly buzzes morbund among old papers.
the rain falls on a guitar abandoned in the desert.

The devil said he would take us home¬



Jaguar

"...in the forests of the night,
What immortal hand or eye
Could frame thy fearful symmetry?".
 - William Blake.

The enigma of its skins surprises me again
at the hour of death.
Again, the dawn undermining anguish
and the terrible secrets; I have dreamed a blind jaguar
giving birth to the thousands of mirrors that preceded him
from the first tiger of Adam in paradise
a labyrinth of black pearls, of black rings of fire,
shaded strokes of black jade,
in the golden ivory that underlies the gloom
of the untamed jungle.

What immortal vision? What mystery hides your flesh?
Your flaming blind eyes follow me still
in the darkness of my steps to the tomb,
like a stone of immutable gold
in the comfort of Allah's desert firmament.

I dreamed him a thousand and one nights in this eternal dawn
I dreamed him in the form of the tiger, the lynx, the leopard,
in the form of the puma, the lion, and the imposing panther.
I dreamed him in the infamous face of the hunter
and in the bloody face of the sorcerer.
I dreamed him on the altar of the blood of a race
that venerated the terrible symmetry of the universe.

I dreamed him wooing, in the afternoon of a dead tree,
and devouring a man under the Amazonian flood
from the hand of Poe and Blake I dreamed also of Tzinacán1
in his closed hemisphere, deciphering the scriptures of God
in his indecipherable skin.
(Fragment)

                       
Taken from:





Henry Alexander Gómez
Memorial del árbol (2012) 

lunes, 20 de agosto de 2012

El poema negro: intersección entre el rockero Paul Gillman y el poeta Claudio de Alas




“Ardiente el corazón, los miembros yertos,
escalé la muralla de los muertos;
y pensando en la súplica postrera
de esa lívida novia del Misterio,
me perdí en el profundo cementerio,
porque iba a robar su calavera”.
“El poema negro”, Claudio de Alas.

Es difícil explicar el placer oscuro que sentimos al palpar el abrazo del miedo, y es aún más enigmático, y un poco sórdido, cuando amasamos este gusto al ver el miedo reflejado en el rostro del otro. ¿Qué de agradable hay en ese escalofrío, en esa travesía acelerada que hacemos al recorrer un muestrario de máscaras nocturnas? La angustia y el crimen, lo sobrenatural y el horror, el gélido beso de la muerte y la fascinación por lo que desconocemos. El espanto es primigenio, lo llevamos desde siempre grabado con agujas en la sangre.

Entre nosotros, ¿quién no ha disfrutado de una noche entre sombras ambulantes, escuchando y narrando historias o leyendas de espantos? Latinoamérica, como un niño asustadizo, tiembla y se sobrecoge, sus entrañas todavía son bañadas por las lágrimas de La Llorona o por el aullido aterrador de La Patasola; también nosotros estamos condenados por la noche.

Es precisamente de estas historias, de esta ínsula negra que hace parte importante en nuestro folclor latinoamericano, que se alimenta el álbum Escalofrío de la agrupación venezolana de heavy metal Gillman. Como antecesores al cuento de terror, los mitos y leyendas son piezas fantásticas que asombran y que hablan sobre quienes somos realmente. Desde el norte de México hasta la Isla de Fuego, hemos sido bendecidos con criaturas obscenas que buscan un refugio en las selvas y los ríos. El Patetarro, La Madreselva, El Sombrerón, La Bola de Fuego, y muchos otros, habitan los imaginarios del horror en cada uno de nuestros poblados, caminos y veredas a lo largo del continente americano.

Escalofrío es un gran homenaje a estos espantos. Una pieza musical de corte gótico donde conviven El Silbón, La Sayona, el fantasma del Tirano Aguirre, El Carretón o El Hachador. Cada canción del disco dedicada a estos seres injuriados por Dios, a estos féretros del imaginario colectivo, tiene una introducción en la que se narra, con una voz fúnebre, la leyenda. Luego vienen los rasgueos estridentes de las seis cuerdas de acero y la desgarrada voz del rockero Paul Gillman.

De estos temas musicales sobresale uno entre los otros. En los cortes 2 y 3 nos enfrentamos a la leyenda de “El poema negro”. La historia es más que siniestra. El poema musicalizado por Gillman nos narra una promesa de amor. Una mujer en su lecho de muerte le expresa a su amante que en recuerdo de su belleza, le deja su blanca calavera. Le pide que la robe de su tumba, para así poder descender del cielo y observarlo a través de las cuencas del cráneo. A la mitad del tema, la música se suspende y entonces escuchamos el poema negro:

“(…) De su belleza, que radió cual astro,
no había allí tan siquiera un rastro.
Era un informe y corrompido andrajo.
La miré contristado, mudo, inerte:
medité en los festines de la Muerte,
y me hundí en el sepulcro abierto a tajo.

Temblorosas, tendiéronse mis manos
al inmenso hervidero de gusanos.
Busqué de la garganta las junturas:
nervioso retorcí... Hubo traquidos
de huesos arrancados y partidos...
hasta que hollando vil las sepulturas.

Hui miedoso entre las sombras crueles,
creyendo que los muertos en tropeles,
levantaban su forma descarnada
corriendo a rescatar su calavera,
esa yerta y silente compañera
de la lóbrega noche de la Nada...

Eso pasó... fue ayer... Hoy, en mi mesa,
cual escombro final de su belleza,
helada, muda, lívida e inerte,
sobre mis libros en montón, reposa,
cual una gigantesca y blanca rosa,
que ostentase la risa de la Muerte(…)”

Luego viene el resto de la historia y culmina la leyenda.

Durante muchos años me pregunté quién era el autor de este poema. ¿Pertenecía al folclor venezolano? ¿Era de un escritor de la tradición poética venezolana? ¿Acaso Paul Gillman había escrito este pasaje? A falta de documentación y fuentes al respecto, tuve que conformarme con escuchar la canción cada vez que podía y aprenderme de memoria los fragmentos del poema que se recitaba. Sin embargo, la era de la información seguía su curso y el oráculo de Google me dio la respuesta. Fue una gran sorpresa y una encrucijada conmovedora para mí, el encontrar que el autor era un poeta colombiano nacido en Tunja en 1886 y muerto por su propia mano en Buenos Aires en 1919. Su nombre era Claudio de Alas, seudónimo de Jorge Escobar Uribe.

No voy a referirme más a Claudio de Alas (es un poeta que merece un texto aparte), sólo que murió a los 32 años, que es un desconocido en Colombia y que la única persona que ha escrito recientemente sobre él es Harold Alvarado Tenorio en su revista Arquitrave. Las moradas subterráneas de algunos autores sólo hacen que aumenten su propia leyenda.

Hace ya más de una década que comencé a escuchar una de las agrupaciones más trascendentales en la historia del rock & roll latinoamericano. Eran mis años de adolescencia y en la avidez y búsqueda por los anales del metal cantado en español me encontré con el rockero Paul Gillman. Su discografía desde bandas como Arkangel es impecable. Con una auténtica naturaleza rebelde y contestataria, la música de Gillman es un eximio grito Latinoamericano. Y si alguien quiere sumergirse en una mansión musical del espanto y sentir el quejido monstruoso de la pena, les recomiendo el trabajo Escalofrío.

Por Henry Alexander Gómez
Promotor de lectura y escritura
Biblioteca Pública Parque El Tunal

Gillman, Escalofrío - Venezuela - 1994.

Canciones:
1. Escalofrío intro
2. Relato del Poema Negro
3. El Poema Negro
4. Cuento del Silbón
5. El Silbón
6. Cuento de La Sayona
7. La Sayona
8. Cuento Pez Nicolás
9. El Pez Nicolás
10. Cuento del Tirano Aguirre
11. El Tirano Aguirre
12. Cuento de El Carretón
13. El Carretón
14. Relato del extraño caso de Petare
15. El extraño caso de Petare
16. Cuento del Hachador
17. El Hachador
18. Escalofrío final
19. El vagón de la muerte (Bonus Track)
20. Nada es eterno (Bonus Track)
21. Children of the Grave (Bonus Track)
22. Resistiré (Bonus Track)

Integrantes:
Paul Gillman / voz
Facundo Coral / guitarra
“Churdy” / bajo
Eduardo Saez / batería



jueves, 2 de agosto de 2012

Episodio para Jean Arp




Episodio para Jean Arp

Un sombrero de carne
va haciendo equilibrio por un pincel
mientras le toma fotografías
a las nubes
en el preciso instante en que estornudan
sus sábanas blancas.

Dos zapatos de leche
bailan de contentos encima de una jaula
escondida en la nevera.

Una piedra toca las cuerdas de un laúd
y entona rondas de la infancia. 


Henry Alexander Gómez,
del libro Memorial del árbol (2012)


Estrella por Jean Arp 


miércoles, 25 de julio de 2012

La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet




Cuando pulsamos nuestro mouse en la sección “¿Qué es Letralia?” de una de las revistas virtuales más importantes de Hispanoamérica (letralia.com), nos encontramos con la célebre introducción que Julio Cortázar escribió para su novela Rayuela: “A su manera este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros. El primero se deja leer en la forma corriente y termina en el capítulo 56, al pie del cual hay tres vistosas estrellitas que equivalen a la palabra FIN. Por consiguiente, el lector prescindirá sin remordimientos de lo que sigue. El segundo se deja leer empezando por el capítulo 73 y siguiendo luego en el orden que se indica al pie de cada capítulo”.

En efecto, Letralia: Tierra de letras (“La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet”), como Rayuela, es un vasto modelo para armar; un topos literario y laberíntico donde podemos extraviarnos a nuestra complacencia. Un solo libro, un solo poema puede esconder todas las literaturas.

Creada por el novelista, cuentista, poeta y ensayista venezolano Jorge Gómez Jiménez, la primera edición de la revista vio la luz el 20 de mayo de 1996 (época en que aún prevalecía el prehistórico sistema de redes BBS), constituyéndose como la primera revista electrónica literaria de Venezuela y una de las pioneras en Latinoamérica. Desde este instante, con una sola interrupción que sucedió del año 2000 al 2003, ha sobrepasado las 250 ediciones; números que pueden consultarse en su sitio de diversas maneras, especialmente en la sección “Archivos”. En un lapso de 15 años el trayecto y el trabajo editorial de Letralia han sido bastante generosos.

En esta enorme estepa literaria, en este tejido accidentado de palabras, encontramos todos los géneros y formas. Allí circulan, a partir de sus diferentes secciones, noticias y anuncios literarios, artículos y reportajes, ensayos, creaciones de cuento, poesía o dramaturgia, y reseñas. A esta geografía angular se le suman apartes donde encontramos los principales concursos literarios para lengua española, foros, chat, servicios editoriales, talleres en línea, traducciones al español de diferentes autores del mundo, e incluso una metrópolis de letras, una metáfora urbanística con calles y autopistas hilvanadas por textos de diversos escritores.

Jorge Gómez Jiménez es enfático al afirmar que Letralia se edifica, el primer y tercer lunes de cada mes, con el trabajo de muchos colaboradores. Esta página está abierta para cualquiera que desee publicar. No hay restricciones de ninguna clase. En su directorio yacen las firmas de cientos de escritores hispanoamericanos. Una colosal torre de Babel con un único dialecto y una sola moneda, la lengua española.

Hay angustia y fascinación cuando nos perdemos por los largos pasillos de una biblioteca, es la imaginación y la zozobra a un mismo tiempo. Sabemos que una palabra solitaria puede guardar todas las músicas aunque nunca logremos poseerla. Existen tierras que son imposibles de cartografiar. Extraviarse es también una forma de felicidad. Los invito entonces a reconocer un poco de esta extraña geología literaria, a dejarse traspapelar por el inmenso mineral de la palabra en letralia.com.

Por Henry Alexander Gómez
Promotor de lectura y escritura
Biblioteca Pública Parque El Tunal


domingo, 15 de julio de 2012

Las letanías de Satán




“Quiero poner en mi contra a toda la raza humana. Haré que mi cólera respire por los libros que provoquen horror".
Charles Baudelaire.

El terror se ha apoderado (literalmente) de la ópera. El polen satánico de las flores de Baudelaire barniza cada nota musical de una Hécate que sueña con crear su propio y negro universo. Diamanda Galás ha sepultado las oscuras cicatrices del silencio en la sombra de su propia voz…

1857 es una fecha vital para la literatura europea y universal. Dos grandes obras escandalizaban a Francia, dos óperas bañadas por la noche solar transgredían los valores del establecimiento. Por un lado Gustave Flaubert publicaba su libertina Madame Bovary y por el otro Charles Baudelaire sembraba el germen de la poesía simbolista con su libro Las flores del mal. Conjurados por las autoridades de la moral, los dos libros fueron procesados y enjuiciados. Flaubert y su editor Maxime Du Camp saldrían victoriosos, y con ello, solidificaban las pilastras del realismo literario. No sería la misma historia con Las flores del mal que tuvieron que esperar hasta 1949 para emerger a la luz con una edición completa.

Acusados de obscenos, los poemas de Baudelaire mutaban la estética romántica del sueño para volcarse a una realidad mucho más cercana y palpable. La belleza era ahora transmitida por el pecado y las pasiones sombrías del hombre; era lo maligno, lo feo, lo grotesco y todo aquello que la sociedad repugnaba, lo que alimentaba su tempestad poética. Una carroza de criaturas funestas deambulando por las sucias calles parisinas.

Precisamente es de esta metamorfosis del mal de la que se nutre el primer trabajo discográfico de la cantante norteamericana Diamanda Galás, una de las artistas más polémicas y transgresoras de la actualidad. Poseedora de una voz extrema y sugestiva, desde un comienzo, Galás ha demostrado un talento innato y asombroso para hacer música. Su labor no sólo deslumbra con su canto o como pianista, sino también en la composición de temas y en la creatividad a la hora de construir performances. Sus incursiones van desde la ópera y la música clásica hasta el rock, el blues, el jazz y el pop.

Pero tal vez lo más interesante de esta Hécate de la música es el tono único de su voz y las diversas técnicas y experimentos vocales que utiliza en sus canciones. Como un aullido proveniente de las tres orillas de la noche, su acento es capaz de causar un auténtico horror, es un canto que no puede tolerar todo el mundo, un ladrido que desgarra el aire que lo circunda. Incluso cuando la escuchamos, tenemos la sensación de que canta no sólo una persona sino dos; como una llama doble, la voz siamesa de Diamanda Galás despedaza, de una manera maravillosa, al ser que la oye. Se necesitan igualmente dos oídos pares para lograr entenderla.

The Litanies of Satan, este enorme homenaje a Baudelaire y sus flores perversas, apareció por vez primera en forma de concierto en 1982. Existe otra versión en estudio del año 1989. El álbum abarca sólo dos canciones de 12:04 y 17:46 minutos respectivamente. En el primer corte escuchamos una versión musicalizada del poema “Las letanías de Satán”, en una serie de experimentaciones con las voces operísticas de Galás y arreglos de sintetizador.

El segundo corte, “Wild Woman with Steak-Knives” (Mujeres salvajes con cuchillos para carne), es mucho más opresivo. Escuchar este tema es como adentrarnos en una infernal mansión de ruidos estridentes y diabólicos. La voz de Galás se hace más belicosa y agresiva. Es allí cuando impacta lo que conocemos concretamente como el alma.

En el mundo de Diamanda Galás estamos destinados a arder con música, no con fuego. La ópera, como en Gaston Leroux, vuelve a ser ese castillo donde un ser abandonado a la penumbra hila melodiosamente su pena. La oscuridad es también la luz más brillante.

Por Henry Alexander Gómez
Promotor de lectura y escritura
Biblioteca Pública Parque El Tunal

Diamanda Galás, The Litanies of Satan - Reino Unido - 1982, 1989.

Canciones:
1. The Litanies of Satan
2. Wild Woman with Steak-Knives

Integrantes:
Diamanda Galás / Vocals, Tape, Effects



domingo, 8 de julio de 2012

Erzsébet Batory


Ilustración de Santiago Caruso*


Erzsébet Batory

El hilo de sangre se desliza en la pupila,
a la hora en que el misterio de la araña
hace y deshace su tejido;
al fondo del espejo donde el lápiz de hierro
dibuja el temblor de una música
                                                      latente de sueño.

Una ráfaga de astillas cruza la tiniebla.

Más allá de la noche interminable
el ángel corrupto despedaza su osamenta.


Henry Alexander Gómez,
del libro Memorial del árbol (2012)


* Pizarnik, Alejandra. La condesa Sangrienta. Libros del Zorro Rojo. España, 2009. 

viernes, 29 de junio de 2012

El miedo a la oscuridad



El castillo gótico ha bañado en sombras fúnebres, desde sus inicios, el ingenio cinematográfico. Clásicos como El Golem (1915) de Paul Weneger, Nosferatu (1922) de Friedrich Wilhelm Murnau, o El fantasma de la opera (1925) de Rupert Julian, así lo demuestran. La gangrena efervescente de la noche gótica aplaca el código de la razón y conmueve al público siempre ávido de sangre.

He visto varias veces la antología francesa Peur(s) du noir (Miedo a la oscuridad). Una pieza en la que se combinan dos artes no fáciles de emparentar con éxito: el terror y la animación. Las alianzas entre la belleza y lo oscuro siempre son asombrosas. En blanco y negro, algunos de los mejores artistas del comic y la ilustración (Blutch, Charles Burns, Marie Caillou, Pierre Di Sciullo, Lorenzo Mattotti y Richard McGuire) unen esfuerzos y talentos, y consiguen sacar a la luz otra pieza más para la galería de las historias del horror.

Las imágenes, las ilustraciones y toda la parte visual son estupendas. Cada corto, según su creador, tiene un estilo de animación propio. A cada historia se le otorga una serie de matices y rasgos, en una estética sombría, que hilvanan en conjunto la opera macabra.

Bajo los mejores trazos a lápiz, aparece un inhumano aristócrata y sus perros asesinos, quienes son la partida e hilo conductor del argumento que se va bifurcando en cada una de las historias: un tímido joven, estudiante y aficionado a los insectos, conoce una sensual chica, pero es traicionado por sus extraños especímenes; una niña japonesa se debate entre el sueño y la vigilia acosada por una serie de fantasmas; un pueblo italiano es asolado por una misteriosa bestia; un hombre se refugia de una tormenta de nieve en una aterradora casa victoriana que es custodiada por el fantasma de una mujer perversa.

De todos los cortos, recomiendo especialmente el último. Dentro de los imaginarios de la literatura gótica y en un excelente contraste de claro-oscuro, la ficción logra crear una atmosfera realmente espeluznante que nos recuerda cuentos del horror anglosajón como “La mansión de los ruidos” de M.P. Shiel, o “La gallina ciega” de Russell Wakefield, o “La Casa espectral” de Ambrose Bierce. A esto se le suma el gran manejo de efectos de sonido quienes, realmente, son los que narran la historia.

La oscuridad también es un don. El museo de lo negro no es asequible a cualquiera. El miedo, “como la emoción más antigua de la humanidad”, sigue revertiendo el cauce de la sangre, sigue siendo un virus latente en los estadios alterados de la imaginación. Una vez más, el exceso de locura, los hijos de la noche, el horror en su estado más líquido, logra conmovernos a través de Peur(s) du noir.

Por Henry Alexander Gómez
Promotor de lectura y escritura
Biblioteca Pública Parque El Tunal

Peur(s) du noir
Director: Blutch, Charles Burns, Marie Caillou, Lorenzo Mattotti, Richard MacGuire y Pierre di Sciullo
Duración: 78 minutos
Guión: Jerry Kramsky, Michel Pirus, Romain Slocombe, Blutch, Charles Burns, Pierre di Sciullo
Reparto: Aure Atika, Arthur H., François Creton, Guillaume Depardieu, Nicole Garcia, Louisa Pili, Christian Hecq
País: Francia
Año: 2007