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jueves, 17 de marzo de 2016

Poemas de "Diabolus in musica" de Henry Alexander Gómez




De libro Diabulus in música (2014)



Johnny Cash

Enterré el puente de mi guitarra en el aire, sacudí las polillas de mi sombra y cultivé el vapor de la música sobre el heno de los días, a un lado de la carretera, donde los mundos se fecundan.




Jim Morrison

Desde lo alto de la duna dejo caer una escudilla que rasga un aire extraño que acecha mi presencia. Ancianos ángeles amasan mi saliva con arena. ¿Quién acompañará mis huellas para descifrar el verdadero rostro de la luz?

Romper el cristal. No hay noche más fría. El nombre del desierto me persigue. Las puertas se derrumban.

Con el hueso roto del coyote buscaré mis años perdidos junto a un demonio que trama el antiguo imperio del cielo.




Janis Joplin

Inútil es viajar entre el olor de la ceniza, sepultar amapolas en las mandíbulas del ángel ciego.

Canción de la infancia: fumar el opio de la piel y beber la última gota de un blues de la botella más oscura de un bar de Louisiana. El pulmón amordazado mientras el gramófono suena a Bessie Smith o a Billie Holiday.

Una huella descalza la delata, la delata su sombra transparente.

Hurga una grieta en la penumbra. Descúbrete impedida para contar la multiplicidad de nubes que rodean tus dedos.

Es bello vigilar desnuda al sol cuando anochece: la orgía de su voz baja cóncava al interior de la tierra.




John Bonham

En el grito del árbol encontrarás la semilla. Mi escritura viaja al galope del viento entre los cascos del caballo. Esta tierra se adelgaza ante el trueno del agua en el pecho de un pájaro.

He dejado al granizo sin aliento.





Jon Lord

Recogí de la neblina en la mañana cada uno de los hilos que expanden las yemas de mis dedos. Hilar es mi destreza, la certidumbre de dormir en una cavidad de sonidos que arden como diluvio perpetuo.

Un flameo inmutable me sigue a todas partes: una tela de música que hoy es mi mortaja, una sonata que ordena a un tiempo la dinastía secreta de un centenar de relámpagos.

Mi corazón es la rueca, la bruma el ovillo, mi música, una calina de fuego que lo ha envuelto todo. 





Pappo Napolitano

Me reconozco en el polvo del adiós, en las piedras errantes: con un hilo de viento me hice un collar de caminos.

Dejo el diapasón de mi guitarra bañado por un rumor de flores vestidas por la lluvia. Dejo mi amada Harley Davidson con la que probé el peso de la fe y la pulsación de la muerte. Hay una canción de espejos y lumbres al final de la autopista.

Nada vale más que un viejo blues cortejando las voces aromáticas del sueño.





Ronnie Van Zant

Al amanecer, algún extraño viajero señala con el dedo un pájaro que guarda el nombre de todos los pájaros.

Su vuelo ha dibujado, en el corazón abierto del alba, cada hilo de acero con los que un niño ovilla el paraíso de mis alas.





Ian Curtis

Hoy tengo la mirada hecha de tierra para arrojar un puñado al vacío, el espíritu de papel para prenderle fuego y hacer con las cenizas música para sujetar mi destino. 

Vengo de abrir una hendidura donde la luz se reconcilia con la muerte, de atar mi cuerpo hueso por hueso a la llama de mi voz, como la danza de Caín en la sonrisa oscura del miedo.

Hoy tengo la boca en la mitad del pecho con una paloma agrietada en la garganta. 

El aire está roto en pedazos.




Stevie Ray Vaughan 

Este es mi evangelio:

La soledad del universo se reduce a seis élitros de acero; pesan como el calibre de la araña en el corazón de una rosa, zumban como un crujir de huesos de pájaros salvajes.  
Mi voz es clavicordio de agua, pentagrama de fuego, el gesto de todo y de nadie.
La lluvia en el tejado afina el blues-rock de mi guitarra: tormenta de hierro, piedra pluvial que inunda el refugio donde el tiempo pliega sus doce alas.  

Mi credo es la ausencia de Dios, el bostezo del cielo.





Quorthon (Tomas Forsberg)

Primero haré de mi nombre un festín de la sangre. Luego sepultaré cada sílaba de mi música y haré que sea desterrada de la aurora. Mi voz cruzará el Valhalla con mi rostro abierto por la uña del cuervo. 

Una virgen de hierro para atesorar el nacimiento. Para honrar el martillo del trueno, una semilla hervida en la miel de la noche.

Por cada pluma del ángel asisto al presidio de mi raza. Por cada cartílago de música “El Oscuro” destila su veneno.

Es mortal el abismo que nos rodea.

 



Euronymous (Øystein Aarseth)

Es la profundidad del bosque lo que retengo entre mis manos. El aullido de una aureola negra que me alcanza.

Una luna secreta escarba los misterios del Señor oscuro. Satán es quien lanza cada vocal de mi nombre al fuego para profanar la lluvia sonámbula.

Sortilegio del espanto. La otredad de la sangre. Una leche sorda que invade la espesura.

Afilaré mis pupilas blancas a un ataúd de piedra: también la oscuridad es la luz más brillante.

 

 




 

Henry Alexander Gómez


Bogotá (1982). Profesional en Ciencias Sociales de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas y estudiante de Maestría en Creación Literaria de la Universidad Central. Es director del Festival de Literatura “Ojo en la tinta”. Su libro Cartografía de la luz ganó el XXVI Concurso Nacional de Poesía Universidad Externado de Colombia; con el libro Georg Trakl en el ocaso fue Segundo Premio del IX Concurso Literario Bonaventuriano de Poesía; ganador del Concurso Nacional “La poesía de la vida cotidiana” - Casa de Poesía Silva.

Ha publicado los libros Memorial del árbol (2013), premiado en el IV Concurso Nacional de Poesía Obra Inédita, Diabolus in música (2014) Premio Nacional de Poesía Ciro Mendía y Teoría de la gravedad (2014), Mención de Honor en el I Premio Nacional de Poesía, Festival Internacional de Poesía de Medellín y publicado en Quito, Ecuador.

Sus poemas aparecen en los libros Raíces del viento (2011), en la antología Postal del oleaje: poetas nacidos en los 80. Colombia-México (2013), y en diferentes revistas de Colombia y el exterior. Hace parte del comité editorial de la Revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida (www.laraizinvertida.com).


lunes, 8 de diciembre de 2014

Lanzamiento de Diabolus in musica

LA EDITORIAL BABILONIA
Invita al lanzamiento del libro

“DIABOLUS IN MUSICA”
de
Henry Alexander Gómez

Premio Nacional de Poesía Ciro Mendía
El lanzamiento será el próximo
Jueves 11 de diciembre a las 6:00 p.m.
TEATRO DE BOGOTÁ de la UNIVERSIDAD CENTRAL
Cll 22 n° 5-62 (Centro).

Presentación a cargo de los escritores
 Alejandro Cortés y Roberto Burgos Cantor

Concierto musical de rock
COPA DE VINO
ENTRADA LIBRE


"Diabolus in música es una colección de retratos y homenajes a diferentes intérpretes del Blues, el Rock And Roll y el Metal. Allí aparecen músicos desde Robert Johnson, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Bon Scott (AC/DC), John Bonham (Led Zeppelin), hasta Cliff Burton (Metallica) o Euronymous (Mayhem)”.


“Ahora el diablo en la música, asedio delicado a voces y guitarras que navegaron en las tormentas y felicidades de la época, se inmiscuye en el delirio y agrega algo que incrusta al sonido, en el sueño, y permite mirarlo para siempre…”

Roberto Burgos Cantor


"Sea Diabolus in música manto de notas graves que suspenden el aliento del aire, por quienes ofrendaron su vida al rock. Bienvenido este poemario, puente para que el lector encuentre en la música, el ritmo de la poesía, y el melómano descubra en las imágenes de la poesía, las atmósferas del rock and roll..."

 Alejandro Cortés, "Prólogo".



Organiza
EDITORIAL BABILONIA

Invitan
UNIVERSIDAD CENTRAL
Pregrado en Creación Literaria, Especialización en Creación Narrativa,
Maestría en Creación Literaria, Taller de Escritores de la Universidad Central

REVISTA LATINOAMERICANA DE POESÍA LA RAÍZ INVERTIDA


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PAPPO NAPOLITANO

Me reconozco en el polvo del adiós, en las piedras errantes: con un hilo de viento me hice un collar de caminos.

 Dejo el diapasón de mi guitarra bañado por un rumor de flores vestidas por la lluvia. Dejo mi amada Harley Davidson con la que probé el peso de la fe y la pulsación de la muerte. Hay una canción de espejos y lumbres al final de la autopista.

 Nada vale más que un viejo blues cortejando las voces aromáticas del sueño.


JOHN BONHAM

 En el grito del árbol encontrarás la semilla. Mi escritura viaja al galope del viento entre los cascos del caballo. Esta tierra se adelgaza ante el trueno del agua en el pecho de un pájaro.

He dejado al granizo sin aliento.


Henry Alexander Gómez: Bogotá (1982). Licenciado en Ciencias Sociales de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas y estudiante de Maestría en Creación Literaria de la Universidad Central. Es director del Festival de Literatura “Ojo en la tinta”. Su libro Cartografía de la luz ganó el XXVI Concurso Nacional de Poesía Universidad Externado de Colombia; con el libro Georg Trakl en el ocaso fue Segundo Premio del IX Concurso Literario Bonaventuriano de Poesía; ganador del Concurso Nacional “La poesía de la vida cotidiana” - Casa de Poesía Silva.

Ha publicado los libros Memorial del árbol (2013), premiado en el IV Concurso Nacional de Poesía Obra Inédita, Diabolus in música (2014) Premio Nacional de Poesía Ciro Mendía y Teoría de la gravedad (2014), publicado en Quito, Ecuador.

 Hace parte del comité editorial de la Revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida (www.laraizinvertida.com).


martes, 4 de agosto de 2009

Proclama de la mesa de literatura y música

Por Henry Alexander Gómez

¡Corred, corred, oh lágrimas nostálgicas
ahogadme, sacadme de este tiempo
llevadme hacia el campo de las estrellas
entregadme de prisa a la luna llena
dadme el lento poder del soneto,
dadme la iluminación de las odas
dadme el cantar de los cantares…!

Vinicius de Moraes

La relación recíproca entre literatura y música es casi indefinible. Los límites en los cuales se entrecruzan son imperceptibles, imprecisos, vagos. Como artes esenciales en la cultura e historia del hombre rebasan sus cauces empapándose la una con la otra. La poesía constantemente se convierte en un profundo hálito que entona algunas notas musicales, y la conjugación de unas notas musicales fácilmente se convierten en un hecho poético. Acaso no encontramos en la historia de la literatura compositores excepcionales como E. T. A. Hoffmann, Felisberto Hernández o Vinicius de Moarés; acaso no percibimos los ecos de un ritmo musical en la poesía de Nicolás Guillen o Jorge Luís Borges; acaso cuando escuchamos las canciones de Bob Dylan, Jim Morrison o Víctor Jara, o la ópera de Richard Wagner, no nos topamos ante un buen poema o una gran historia; acaso no hallamos narrativas intensamente perpetradas por los temas o los acordes de un blues, un rock and roll, un jazz, en novelas como La nostalgia del melómano, Rayuela u Opio en las nubes; acaso no tropezamos con una erótica y traicionera Salomé en Oscar Wilde, Richard Strauss, Héctor Lavoe, Vargas Vila, El gran combo y Cheo Feliciano. El matrimonio entre literatura y música es indudable pero a la vez inefable.

En la mesa de literatura y música (en la cual Cesar Pagano nos regaló una interesante charla sobre esta íntima correspondencia entre música y literatura, enfatizando en ritmos hispanoamericanos como el flamenco, el tango, la salsa o la música protesta, y donde salieron a relucir personajes, artistas y grupos como Bola de Nieve, Federico García Lorca, El trío Matamoros, Fina García Marruz, Pablo Milanés, Ray Brown, Mario Benedetti, Silvio Rodríguez, Juan Manuel Serrat, Leo Brouwer, entre muchos otros) encontramos tres premisas universales a partir de la concepción que la literatura y la música son definitivamente una expresión artística y cultural del hombre en su historia: Estas dos artes deben llevar a cuestas un ritmo, deben ser originales y por lo tanto deben expresar un signo de belleza. De allí que surjan las siguientes palabras:

El hombre puede reproducir mil formas mil veces pero las verdaderas esencias son únicas. El arte no se crea si no se recuerda de un mundo original. El trabajo del artista no es representar el mundo en una obra si no recrearlo. El verdadero arte no es renovación sino innovación. El ritmo debe ir intrínseco en la pluma. El arte es un ritmo imperioso a los sentidos. La belleza es ese arte que debe recordarse. ¿Quién influye a quién? La literatura derrama su cáliz en el vientre indómito del violín, o la música embadurna y enreda esa palabra única, ese verso que nos envuelve en una tarde…