miércoles, 26 de febrero de 2014

Jon Lord


Jon Lord

Recogí de la neblina en la mañana cada uno de los hilos que expanden las yemas de mis dedos. Hilar es mi destreza, la certidumbre de dormir en una cavidad de sonidos que arden como diluvio perpetuo.

Un flameo inmutable me sigue a todas partes: una tela de música que hoy es mi mortaja, una sonata que ordena a un tiempo la dinastía secreta de un centenar de relámpagos.

Mi corazón es la rueca, la bruma el ovillo, mi música una calina de fuego que lo ha envuelto todo. 

A Edwin Mora

Henry Alexander Gómez
Del libro Diabolus in música (2014)

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